Pero Split tiene también un club a la sombra del gigante. Ahí aparece el Radnički Nogometni Klub Split (RNK Split), un club centenario (se fundó en 1912) y que ha vivido siempre como actor secundario. Un club con una masa social minúscula y con una historia modesta, pero que en los últimos años está destacando por su buen hacer y está creando cierta rivalidad en la ciudad.

Tuve la oportunidad de visitar Croacia el pasado mes de julio y dio la casualidad de que mi estancia en Split coincidía con el derbi local, una oportunidad que un loco de esto no puede desaprovechar bajo ningún concepto.
El partido empezaba a las nueve de la noche, así que un par de horas antes fui al pequeño Stadion Park mladeži, casa del RNK Split y donde se disputaba el partido. Empezaba a haber ambiente y ya había cola en la única taquilla del estadio. Tras unos minutos de espera pude sacar mi entrada, en la zona "visitante" y casi a ras de campo, a un precio que rondaba los 10 euros (70 kunas), que como luego me explicarían doblaba el precio de un partido de liga normal en ese estadio. Era aceptable.


Fui a tomar una cerveza y a empaparme del ambiente, a observar como se vivía un duelo local curioso, entre un gigante y un hermano pequeño, muy pequeño. Los pocos bares de las cercanías al estadio estaban llenos, con gente esperando la hora del partido mientras en la televisión local jugaban el Rijeka y el Dinamo de Zagreb. Eso sí, ni una sola camiseta, bandera o muestra de apoyo al RNK. Empezaba a despertar mi curiosidad y a la vez empezaba a ver que iba a ser complicado traerme a Barcelona una camiseta del pequeño de Split.
Unos minutos antes del pitido inicial entré al campo, previo cacheo de los guardias de seguridad y viendo algunas pintas que como mínimo obligaban a guardar las distancias. Estaba en el bando visitante. Pero rápido me percaté de que ese era el único bando que iba a haber en el Park mladeži esa noche. Lleno absoluto de las 5.000 localidades y 95% de aficionados del Hajduk. Ahora entendía aún más el precio de las entradas, ese día se iba a llenar y no podían desaprovecharlo.
Pitido inicial, un grupo de la Torcida del Hajduk en la grada de en frente cantaba sin parar y daba cuerda a nuestra grada, que respondía con menor entusiasmo. El partido en si tuvo poca historia, 0-3 para el Hajduk, arropado por su afición pese a estar en terreno visitante y con un Jozinović que me dejó impresionado con su despliegue en la banda. Bengalas a mitad de la segunda parte y con el partido sentenciado y la salida de Mate Bilic al campo, abucheado y pitado por la Torcida, que aún recuerda que fue canterano del Hajduk y ahora juega con el rival de la ciudad.
El ambiente parecía calentarse al final del partido con los pocos seguidores del RNK Split y siendo previsor y como espectador neutral, no quería problemas así que no esperé para ver si había celebración o no y con el pitido final emprendí mi camino de vuelta al hostal, rodeado como durante todo el día por pintadas en las paredes con el escudo del Hajduk o el emblema y mensajes de la Torcida. Y es que si una cosa pude ver y me quedó clara tras mi paso por allí, es que el gigante se ha encargado de marcar el terreno. Split es territorio del Hajduk.
Fui a tomar una cerveza y a empaparme del ambiente, a observar como se vivía un duelo local curioso, entre un gigante y un hermano pequeño, muy pequeño. Los pocos bares de las cercanías al estadio estaban llenos, con gente esperando la hora del partido mientras en la televisión local jugaban el Rijeka y el Dinamo de Zagreb. Eso sí, ni una sola camiseta, bandera o muestra de apoyo al RNK. Empezaba a despertar mi curiosidad y a la vez empezaba a ver que iba a ser complicado traerme a Barcelona una camiseta del pequeño de Split.
Unos minutos antes del pitido inicial entré al campo, previo cacheo de los guardias de seguridad y viendo algunas pintas que como mínimo obligaban a guardar las distancias. Estaba en el bando visitante. Pero rápido me percaté de que ese era el único bando que iba a haber en el Park mladeži esa noche. Lleno absoluto de las 5.000 localidades y 95% de aficionados del Hajduk. Ahora entendía aún más el precio de las entradas, ese día se iba a llenar y no podían desaprovecharlo.
Pitido inicial, un grupo de la Torcida del Hajduk en la grada de en frente cantaba sin parar y daba cuerda a nuestra grada, que respondía con menor entusiasmo. El partido en si tuvo poca historia, 0-3 para el Hajduk, arropado por su afición pese a estar en terreno visitante y con un Jozinović que me dejó impresionado con su despliegue en la banda. Bengalas a mitad de la segunda parte y con el partido sentenciado y la salida de Mate Bilic al campo, abucheado y pitado por la Torcida, que aún recuerda que fue canterano del Hajduk y ahora juega con el rival de la ciudad.
El ambiente parecía calentarse al final del partido con los pocos seguidores del RNK Split y siendo previsor y como espectador neutral, no quería problemas así que no esperé para ver si había celebración o no y con el pitido final emprendí mi camino de vuelta al hostal, rodeado como durante todo el día por pintadas en las paredes con el escudo del Hajduk o el emblema y mensajes de la Torcida. Y es que si una cosa pude ver y me quedó clara tras mi paso por allí, es que el gigante se ha encargado de marcar el terreno. Split es territorio del Hajduk.